El impacto de las bajas laborales en Cataluña: un problema para las empresas, pero también para el conjunto del país

Las bajas médicas y el absentismo laboral se han convertido en un auténtico problema para muchas empresas. Si la falta de personal cualificado ha sido en los últimos tiempos uno de los principales retos a los que se enfrentaban las empresas, en los últimos años, especialmente a raíz de la pandemia, se ha añadido el absentismo como consecuencia de las bajas por incapacidad temporal (IT). Desde 2013, en comparación con los últimos datos registrados, correspondientes al primer trimestre de 2026, las horas no trabajadas por IT en Cataluña han aumentado más del doble, un 115,8%. Una cifra que tiene un fuerte impacto en el funcionamiento, la gestión y los costes de las empresas.

El estudio Evolución de las bajas por incapacidad temporal en Cataluña 2013-2025, elaborado por el Observatorio de la Pyme de Cataluña de Pimec a partir de información extraída de organismos e instituciones oficiales, como Idescat, el Departamento de Salud o el Instituto Nacional de la Seguridad Social, entre otros, pone cifras a esta realidad. En primer lugar, pese a que cuando se habla de absentismo laboral se incluyen múltiples realidades, los datos muestran que la incapacidad temporal causa la gran mayoría de las horas no trabajadas. Excluyendo las vacaciones y festivos, con datos del primer trimestre de 2026, la IT suponía el 75,0% del total de las horas no trabajadas, frente al 60,0% registrado en 2013.

Por este motivo, el estudio se centra en este aspecto y trata de perfilar qué tipología de empresas son las más afectadas por las bajas por IT, cuáles son las enfermedades que hay detrás de estas bajas y cuál es su duración, qué perfil de trabajador sufre con mayor frecuencia estos procesos y, en definitiva, cuáles pueden ser los motivos que expliquen el fuerte aumento de las bajas. Asimismo, se cuantifican los costes que suponen estos procesos para las empresas y también para el sistema en general, con el objetivo de buscar soluciones conjuntas a un problema que, más allá de las implicaciones económicas para las empresas, afecta a la salud de las personas trabajadoras y, en conjunto, al sistema de salud pública.

Por un lado, las cifras muestran cómo el problema ha ido en aumento, sobre todo a partir de 2020, con el estallido de la pandemia. En 2013 se registraron 3,8 horas no trabajadas por IT por trabajador y mes; en 2020, 7,0 horas; y en 2026, con datos del primer trimestre, una media de 8,0 horas. Las empresas más afectadas por esta realidad son las grandes, con 10,3 horas por IT en el primer trimestre de 2026, frente a las 6,1 horas de las pequeñas; por sectores, la industria es la que presenta un mayor número de horas de baja en todos los años y, por ramas de actividad, destacan la sanidad y los servicios sociales, con una tasa de absentismo por IT del 7,5%, mientras que la media es del 5,4%.

Asimismo, otro de los factores que muestra el estudio es el destacado aumento de las bajas por enfermedades mentales, que entre 2015 y 2024 prácticamente se triplicaron —aumentaron un 192,3%—, mientras que el conjunto de los procesos se incrementó un 132,5%. El envejecimiento de la población ocupada también es otra de las variables que hace crecer la IT y, muy especialmente, la duración de las bajas, ya que el grupo de 55 años o más permanece, de media, 58 días de baja, frente a los 30 días registrados en el conjunto de la población.

Con todo, en cuanto a la duración de las bajas, cabe destacar que más del 75% de los casos de IT no superan los 15 días y que, en los últimos años, se ha producido una reducción de la duración de las bajas por IT. Además, en relación con los perfiles de los trabajadores de baja, también es relevante la elevada incidencia entre la población más joven: en una década, la incidencia mensual media del grupo de 16 a 24 años, calculada a partir de los nuevos procesos iniciados, prácticamente se ha triplicado, mientras que, en el conjunto de la población, el aumento ha sido del doble.

En cuanto a los costes económicos, la incapacidad temporal supone unos costes medios estimados de 2.761 euros por trabajador, que representan el 6,4% de los costes laborales totales. Asimismo, si se aproxima el conjunto de los costes, teniendo en cuenta tanto la parte que paga la Seguridad Social como la que asumen las empresas, el importe total alcanza los 33.340 millones de euros, un 10,5% del PIB catalán, si se toma como medida el coste de oportunidad, es decir, si se suman los costes de aquellos bienes y valores que se dejan de producir en una empresa a causa de las bajas por IT. Si, en lugar del coste de oportunidad, se toma como referencia el coste de sustitución —los costes en los que incurriría la empresa si decide contratar a una persona sustituta para no tener que asumir los costes de oportunidad—, la cifra total asciende a 17.324 millones de euros, un 5,5% del PIB.

Finalmente, el estudio también pone de manifiesto que Cataluña es la segunda comunidad autónoma con una mayor incidencia de procesos de IT, solo por detrás de Navarra. Además, en relación con Europa, muestra una paradoja: Cataluña y España presentan uno de los porcentajes más elevados de personas ocupadas que no han trabajado como consecuencia de una IT, pese a encontrarse entre las regiones con mayor desempleo. Es decir, aunque teóricamente la relación entre el desempleo y la IT es inversamente proporcional —cuando hay más desempleo, los trabajadores pueden tener una menor propensión a incurrir en bajas por IT debido a los riesgos derivados de la falta de oportunidades laborales—, Cataluña y España son una excepción en Europa, ya que, pese a tener las tasas de desempleo más elevadas, las bajas por IT tienen un peso mucho mayor, lo que podría indicar una peor gestión de las bajas laborales.

En conjunto, el aumento de las bajas laborales en los últimos años se explica por múltiples factores que se interrelacionan entre sí. El incremento de la población ocupada, el envejecimiento de las personas trabajadoras, el crecimiento de la incidencia entre los jóvenes o el fuerte aumento de las bajas por enfermedades mentales son solo algunas de las conclusiones que el estudio pone sobre la mesa. Con esta información, ahora lo que hay que hacer es tomar medidas para afrontar el problema, especialmente aquellas relacionadas con el fortalecimiento del sistema de salud pública y la mejora del control de las bajas. Porque, por poner un ejemplo, si un trabajador se encuentra de baja porque está esperando la visita del especialista, la prueba diagnóstica y el análisis de los resultados, la duración de la baja se reduciría enormemente simplemente minimizando los plazos de espera de todos estos procesos, contribuyendo a la vez a mejorar su salud.

En definitiva, únicamente con la implicación del conjunto de la sociedad es posible afrontar un problema global que afecta no solo al día a día de muchas de las empresas del país, sino también a la salud de las personas trabajadoras y, en general, al bolsillo de todos los contribuyentes, debido al fuerte aumento del gasto público necesario para afrontar los costes de las bajas laborales.

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