La factura electrónica obligatoria avanza

El nuevo marco supone la materialización de una reivindicación defendida durante años por Pimec, que lleva tiempo insistiendo en la necesidad de introducir una mayor transparencia y control en los procesos de facturación.

La morosidad sigue siendo uno de los principales obstáculos para las pymes. Actualmente, los periodos medios de pago en España se sitúan en torno a los 80 días, muy por encima de los plazos legales. Esta situación tensiona la liquidez de muchas pequeñas empresas y limita su capacidad para crecer o invertir. El nuevo sistema permitirá realizar un seguimiento detallado de todo el ciclo de vida de las facturas, desde su emisión hasta su pago, aportando trazabilidad y facilitando la detección de prácticas abusivas.

Pimec ha valorado positivamente la medida, no solo por el impulso que representa en términos de digitalización, sino también porque recoge una de sus principales demandas: disponer de herramientas efectivas para combatir la morosidad y mejorar la gestión de los pagos.

Es una herramienta necesaria para mejorar la transparencia, pero su impacto real dependerá de cómo se implemente

A pesar de la valoración positiva, el mensaje de fondo es claro: la norma es un buen punto de partida, pero su éxito dependerá de su desarrollo. La experiencia demuestra que muchas iniciativas digitales pueden diluirse si no se garantizan los recursos y las condiciones adecuadas para su implementación. Por ello, Pimec insiste en la necesidad de un desarrollo normativo ágil que aporte seguridad jurídica y evite incertidumbres. Asimismo, reclama una solución pública gratuita, interoperable y fácil de utilizar, especialmente pensada para microempresas y autónomos, que a menudo disponen de menor capacidad técnica y financiera para adaptarse a nuevos sistemas.

Este punto es clave. Aunque las grandes empresas ya operan con sistemas digitales avanzados, una parte importante del tejido productivo —formado mayoritariamente por pymes— podría encontrar dificultades si el despliegue no resulta suficientemente accesible. El riesgo, según la entidad, es que una medida concebida para mejorar el sistema acabe generando nuevas barreras si no se tiene en cuenta la realidad empresarial.

Otro de los elementos centrales del debate es el papel que debe desempeñar la factura electrónica en la lucha contra la morosidad. La digitalización por sí sola no será suficiente si no va acompañada de un régimen sancionador efectivo y de mecanismos reales de control.

Finalmente, la implantación de la factura electrónica abre una ventana de oportunidad para avanzar hacia un entorno económico más justo para las pymes. Por primera vez, se dispondrá de un sistema capaz de aportar una transparencia real sobre los comportamientos de pago y contribuir a corregir desequilibrios históricos entre grandes empresas y proveedores más pequeños.

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