Los valores que hacen crecer a las empresas

Cuando hablamos de competitividad empresarial, solemos pensar en innovación, digitalización, internacionalización o productividad. Todos estos factores son imprescindibles. Pero hay un elemento igualmente determinante que, con demasiada frecuencia, queda en un segundo plano: los valores que inspiran y orientan la actividad de las empresas.

Los valores no son una declaración de intenciones ni un apartado decorativo de una memoria corporativa; son la forma en que una organización entiende su responsabilidad hacia las personas, el territorio y la sociedad. Son los criterios que guían las decisiones cotidianas y que definen la cultura empresarial.

Las empresas que crecen de forma sostenible entienden que su principal activo son las personas y, en un contexto marcado por las dificultades para encontrar talento, los cambios demográficos y las nuevas expectativas laborales, es necesario ampliar la mirada y apostar por modelos de gestión más inclusivos y humanos.

En este sentido, la incorporación y la puesta en valor del talento sénior representan una oportunidad que las empresas no pueden permitirse ignorar. Durante demasiado tiempo, la edad se ha percibido como una limitación cuando, en realidad, constituye una extraordinaria fuente de experiencia, conocimiento y capacidad de resolución. Las personas con trayectorias profesionales consolidadas aportan visión estratégica, compromiso, estabilidad y una valiosa capacidad para transferir conocimiento entre generaciones.

Necesitamos avanzar hacia entornos laborales que reconozcan el valor de la diversidad generacional y que aprovechen todo el potencial disponible. No solo por una cuestión de justicia social, sino también por una cuestión de eficiencia y competitividad empresarial.

Al mismo tiempo, cada vez es más evidente que los resultados de las organizaciones están estrechamente vinculados al bienestar de las personas que trabajan en ellas. La salud emocional ha dejado de ser una cuestión privada para convertirse en un factor estratégico para las empresas. Los equipos emocionalmente más saludables son también los más comprometidos, los más creativos y los más resilientes ante los desafíos.

Promover espacios de trabajo saludables, prevenir situaciones de estrés crónico o burnout, fomentar el respeto, la confianza y la conciliación son actuaciones que repercuten directamente en la productividad, la retención del talento y la calidad de las relaciones laborales. Poner a las personas en el centro no es una moda; es una necesidad empresarial de primer orden.

Precisamente con esta voluntad nace el Premio Valores al Compromiso Social Empresarial, impulsado en el marco del evento Girona Empresa, un punto de encuentro imprescindible para las pymes gerundenses. Una iniciativa que quiere reconocer a aquellas empresas que demuestran, con hechos, que es posible crecer generando un impacto positivo; que incorporan talento sénior, promueven el bienestar emocional de sus equipos y mantienen un compromiso activo con el territorio.

La sociedad necesita empresas competitivas, pero también necesita empresas responsables, comprometidas y capaces de generar oportunidades para todos. Porque los valores no son incompatibles con los resultados. Muy al contrario, cada vez son más las evidencias que demuestran que las organizaciones que cuidan de las personas, aprovechan todo el talento disponible y actúan con responsabilidad son también las que construyen proyectos más sólidos y mejor preparados para afrontar el futuro.

Josep González, presidente de la Fundación Pimec

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